| La gente banca en las difíciles |
Superado por un rival que no mostró gran cosa, pero que hizo
del orden defensivo y de la contundencia una doble arma que liquidó el pleito
ante un irresoluto equipo Charrúa.
A la hora de buscar atenuantes, nos volvemos a encontrar con
repeticiones semestrales que nos vienen a la mente las lesiones de muchos, los
bajísimos rendimientos de bastantes, los presentes ausentes, los errores colectivos e individuales, y varios ítems que
terminaron inclinando la balanza hacia el costado de las preguntas no
respondidas.
Y claro, cuando los resultados no se dan por una cuestión de
mala suerte o mala racha es una cosa, pero cuando esos mismos resultados nos
van haciendo ver que las calidades y la falta de audacia están llevando al
querido Central Córdoba a la perdición, empezamos a preocuparnos en demasía.
El fin de semana dolió enormemente la derrota ante
Estudiantes, y la diferencia de plantel y potrero de ellos marcaron la
diferencia.
Ahora fue el turno de Villa Dalmine, que con una base
sólida, y con efectividad desnudó a los rosarinos desde todo punto de vista.
El Viola tuvo paciencia para esperar sus momentos y mediante
dos muy buenas definiciones de Héctor Arrigo (muchas veces resistido en
Campana) y el mejor de la noche Renzo Pérez cocinaron al Matador a fuego lento, cuestión ausente en CC
porque cuando Lazo tuvo una no pudo, y cuando ellos presentaron recambio en el “Pelado”
González reemplazando al gran Dudy Pérez
y además no pudiendo contar con el gran Nato
Salvatierra (lesionado), CC tuvo que soportar a Yaya Alvarez, de horrible presente (aunque duela decirlo, la verdad
no debe ocultarse).
Realmente es un presente inesperado, pues sabíamos que iba a
ser difícil la B, no obstante las ganas, el envión por el ascenso y varias
cosas mas, invitaban al sueño grande, pero así la cosa va mal.
Muchas veces uno se pregunta si un resultado como este,
depende más de la propia actividad que de la del rival, y llegamos a la
conclusión que este plantel esta viciado de una tremenda endeblez mental y de
juego colectivo. Entregando la sensación de fragilidad en todas sus líneas. Y
entonces nos vamos dando cuenta también que es un poco de cada cosa.
Se cometen errores casi de jardín de infantes, cuestiones básicas
y lógicas donde se erra, yendo de una marcación escalonada a la poca viveza de dejar en off side un rival para que no prevalezca
por ejemplo. Son pifias que más allá
de precisar un trabajo desarrollado en la semana, tiene que ver con errores
individuales de repentización instintiva de un futbolista profesional.
En pocas palabras, el presente es malo. El optimismo y la
esperanza de la gente sigue intacto. Fue
verdaderamente conmovedor el aplauso final de casi todos hacia el sufrido plantel
de Marcelo Vaquero. Quien dicho sea de paso tiene en sus espaldas la difícil
misión de tratar de revertir todo este flaco trayecto general. Otro DT a esta altura ya no estaría mas. Consideramos que los mandatos deben cumplirse, al igual que los contratos firmados.
Hay cosas que se le están yendo de las manos a CC, los
puntos, el rendimiento, la coherencia grupal, esa unión que debe notarse entre
las patas importantes. Y como desembocadura este presente en puntos y decimales
por el promedio.
Todos sabemos que hay rivales que no fueron superior al
Charrúa, y que se quedaron con puntos que bien pudieron ser de los de Tablada.
Esa es una muestra de que la C no es la B. Y además que en el ascenso se gana
con otros atributos también, y no solo con una “gambetita” o una buena definición.
Contra los de Campana el trámite fue parejo, pero el partido
a los Azules siempre le quedó lejos.
No hubo grandes diferencias, sin embargo en esos momentos y
lugares donde el peso de las individualidades se hacen sentir, el que mejor
predispuesto estuvo fue el Violeta.
En cada comentario posterior a un encuentro
tratamos de ser leales con nuestra profesión, sin olvidar el afecto y el cariño
con el Club, en este caso sentimos que estamos ante una situación límite.
Seguimos apostando al resurgir de aquellos buenos y lindos
momentos del ascenso a la B, que lejos de entender que no debemos vivir de recuerdos,
el amor propio mostrado por estos muchachos hicieron festejar a media ciudad.
Párrafo aparte para los hinchas de Central Córdoba, con una
paciencia de hierro, y un amor incondicional por los colores, despidieron con
aplausos al plantel, luego de un flojo partido, y de la amargura de la derrota,
a pesar de tener en sus entrañas guardado el dolor más grande.
GABRIEL ORELLANO
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